OLOMOUC: Auténtica belleza morava

Hay un gran número de buenos argumentos para poner rumbo a la antigua capital de Moravia. Su bellísimo centro histórico de acentos barrocos es uno de ellos, sin duda. Pero quizá la razón que más aprecian los viajeros es esa mezcla tan suya de calma y entusiasmo que propone a los visitantes.

Por: Jess Garbarino

Publicado: Diciembre 05, 2019

La ciudad lo tiene todo para figurar en las listas de deseos de los viajeros del mundo. Sin embargo, el turismo masivo todavía no atina incluirla en sus recorridos, algo que resulta una gran ventaja para quienes disfrutan descubriendo a su ritmo esos tesoros escondidos acá y allá. Así, Olomouc es una joya barroca, que propone toda su tranquilidad (sin artificios para turistas) y un ambiente estudiantil que levanta el ánimo de cualquiera.

Los 282 kilómetros que separan a Olomouc de Praga se recorren en tren en algo más de dos horas, de modo que los viajeros que disponen de poco tiempo pueden salir temprano, dedicarle un día y regresar a la capital por la noche. Pero, si destacamos que una de las características de la ciudad es su espíritu relajado y su ambiente estudiantil, parece mejor idea tomárselo con calma y aprovechar para dedicarle al menos una noche.

Vaivenes del tiempo

El primer registro escrito sobre Olomouc data de 1055, aunque se sospecha que el asentamiento es anterior a esa fecha. A lo largo de su historia, llegó a ser capital de Moravia y esta condición le permitió alcanzar su esplendor en el Renacimiento, cuando se convirtió en centro tanto político como cultural y religioso de la región. Sin embargo, los suecos la destruyeron casi por completo durante la Guerra de los Treinta Años, de modo que la capital administrativa tuvo que trasladarse a Brno. Pero, con el tiempo, la ciudad fue reconstruida y dotada de varios ejemplos notables de estilo barroco que hoy la hacen única.

Monumental, barroca, sorprendente

Para empezar a descubrir Olomouc en toda su singularidad, tal vez un buen punto de inicio es la Puerta Teresiana, la única que se conserva de la muralla que rodeaba la ciudad y que recibió su nombre en homenaje a la emperatriz María Teresa.

La siguiente parada del recorrido puede ser la Plaza Baja o Dolní náměstí, donde es posible empezar a descubrir por qué se conoce a Olomouc como la “Ciudad de las Fuentes”, aunque ciertamente, por la cantidad de edificios religiosos que conserva, también se la podría llamar “Ciudad de las Iglesias”. Así, en sus calles y plazas se pueden ver ocho fuentes, de las cuales seis son de estilo barroco y otras dos fueron agregadas más recientemente. En la Dolní náměstí se pueden apreciar las Fuentes de Neptuno y Júpiter. Pero allí también se ubica la Columna Mariana, que fue levantada a principios del siglo XVIII como agradecimiento de quienes sobrevivieron a la peste. Además, llama la atención la Iglesia de los Capuchinos, de estilo barroco. Por último, una de las casas que rodean la plaza, el Palacio de Hauenschild, luce una placa que conmemora que allí se alojó Wolfgang Amadeus Mozart a sus once años y compuso una de sus sinfonías.

Desde el corazón

Luego, si se avanza hacia donde la Dolní náměstí se estrecha, se llega al mismísimo corazón de Olomouc, la Plaza Alta o Horní náměstí, donde hay varios puntos focales que reclaman la atención de los visitantes.

Columna de la Santísima Trinidad

Con sus 32 metros de alto y el magnífico trabajo de varios artistas, se trata de uno de los monumentos barrocos más importantes de Europa y fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Se trata, sin duda, del orgullo de la ciudad y de un hito que no se debe pasar por alto.

Ayuntamiento

En medio de la explanada se levanta el edificio que durante siglos fue el símbolo de la importancia política y económica de Olomouc, y que conserva su función original. En su interior se puede visitar la capilla de San Jerónimo, de estilo gótico tardío, o también subir a su torre.

Reloj astronómico

Uno de los atractivos más curiosos de Olomouc ocupa un espacio importante a un lado de la torre del Ayuntamiento. El pulso de la ciudad lo marca un reloj astronómico que data de 1420, pero que fue modificado entre 1947 y 1955, en plena época comunista, cuando se sustituyeron las figuras religiosas por trabajadores proletarios. Así, además de ser el segundo reloj astronómico más antiguo de Chequia, es el único con temática socialista.

Las fuentes

La plaza principal cuenta también con tres fuentes. La Fuente de César es la más grande y su decoración es la más delicada de las seis fuentes barrocas de la ciudad. Luego se puede apreciar la Fuente de Hércules, quien está representado sosteniendo un garrote y un águila, símbolo de la Olomouc. Por último, el reconocido artista local Ivan Theimer se inspiró en la leyenda griega del poeta Arión para esculpir la fuente que se agregó en 2002 y que es la favorita de los niños.

Sin prisa y sin pausa

A continuación, habrá que poner rumbo hacia la Fuente de Mercurio y seguir el curso del tranvía para ir descubriendo algo del arte callejero de la ciudad, la Iglesia de San Mauricio, la Iglesia de la Virgen de las Nieves y la Fuente de Tritón, en la pequeña Republiky náměstí o Plaza de la República, para llegar por fin a la Catedral de San Wenceslao, cuya torre es la más alta de Moravia y donde, con un poco de suerte, se puede escuchar algún concierto de órgano. Luego, se puede hacer una parada en el Museo de la Arquidiócesis, que conserva desde restos arqueológicos hasta arte sacro y su famosa Madonna de Šternberk.

El recorrido puede seguir en busca de los espacios verdes de Olomouc para el más completo relax. Pero de paso está el Convento Jesuita y la Capilla de San Juan Sarcandro, donde se encuentra la octava y última fuente de Olomouc, de estilo moderno. Tampoco hay que pasar por alto en el camino la Iglesia de San Miguel, cuyas tres cúpulas y su estilo barroco, son otro de los reclamos imprescindibles del horizonte de la ciudad (incluso es posible subir a la torre del campanario). Por último, antes de bajar al parque atravesando la antigua muralla medieval, hay que echarle un vistazo a la Villa Primavesi, de estilo art noveau, cuyos interiores están decorados por artistas como Anton Hanak, Josef Hoffmann y el famoso pintor Gustav Klimt.

Una vez en el parque Bezručovy, se puede pasear junto al río, visitar el Jardín Botánico y disfrutar haciendo nada mientras se observa a los estudiantes escalar las murallas, leer al sol, andar en bicicleta o tocar tambores. Probablemente allí se termine de percibir la vibra especial de la ciudad, donde un cuarto de sus 100 mil habitantes son estudiantes de la muy prestigiosa Universidad Palacký. Entre los árboles y los senderos, lejos de las multitudes de turistas, va a terminar de consolidarse la imagen más auténtica de Olomouc, esa mezcla encantadora de calma y entusiasmo.

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